¿Y si llueve…?

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Siempre lavamos nuestro coche con agua, ¿por qué le va a afectar cuando lluvia? Además, de vez en cuando un chaparrón nos hace un favor cuando tenemos el coche un tanto sucio con polvo y algún que otro “regalito” de pájaro. Debido a las precipitaciones esas suciedades suelen desaparecer.

Hasta ahí estamos de acuerdo. Si tenemos el coche sucio y cae un chaparrón, nos hace un pequeño favor. Pero, aunque no lo parezca, la lluvia puede ser bastante perjudicial para nuestro coche.

En primer lugar, hay que pensar que la lluvia arrastra partículas de polvo que se quedan pegadas en la carrocería. Este polvo, muy fino, lo arrastramos sin darnos cuenta por toda la superficie del coche, dañando lenta pero progresivamente la pintura. En caso de que «llueva barro», es decir, que la lluvia arrastre polvo del desierto africano, este efecto se multiplica notablemente, por lo que es muy recomendable lavar el coche después de estos episodios de lluvia.

Por otro lado, cuando llueve se provoca el levantamiento de la suciedad acumulada en el asfalto. Combustibles, lubricantes y líquidos y polvo son levantados directamente contra los bajos del coche, por lo que estos a la larga terminan sufriendo un desgaste mucho mayor que otras partes del coche.

Si además acostumbramos a aparcar debajo de los árboles, se corren varios riesgos directos. En primer lugar, la lluvia provoca la caída de hojas, frutos y pequeñas ramas que se van acumulando en los vierteaguas del coche. Al acumularse, guardan cierta humedad que poco a poco va penetrando en la carrocería. En caso de lluvias fuertes o tormentas grandes, el aparcar debajo de un árbol puede acabar con una rama grande golpeando el coche en su caída.

Otro de los aspectos a tener en cuenta es el hecho de circular por caminos no asfaltados. Cuando llueve se genera barro, y éste se acumula en los rincones de los bajos de los coches, guardando mucha humedad y poco a poco atacando las partes mecánicas de los bajos. Puede llegar a agarrotar tornillos y oxidar zonas muy escondidas.

Cuando llueve durante mucho tiempo seguido, llega un momento que la humedad acaba penetrando en todo el vehículo, y aunque estén muy bien protegidos, la humedad siempre puede llegar a entrar en zonas de cableado, fundas de cable, fusibles u otras partes electrónicas del coche, con un resultado fatal para estos componentes que deberán ser reemplazados

Por último, otro de los aspectos a tener en cuenta con la lluvia es la humedad que entra en el interior del vehículo. Ya sea con la humedad ambiente o por el entrar-salir del coche mojado, en el interior del coche se acumula muchísima humedad que perjudica a los distintos tapizados, plásticos, pieles y demás aumentando rápidamente el desgaste de todos estos componentes del interior. Con el tiempo los plásticos, pieles y gomas van perdiendo el tacto y la consistencia que tenían en un principio, llegando incluso a romperse o descomponerse.

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